jueves, 21 de marzo de 2013

Relato del Presente: Nac & Pope

miércoles, 20 de marzo de 2013

Nac & Pope


Hay que reconocer que estos tiempos son más divertidos de lo que suponíamos que serían a principios de año. Desde el oficialismo tuvieron que aceptar que Chávez ya no podrá ayudarnos, al menos no hasta que resuelva un contratiempo que mantiene con la naturaleza. Y como si con eso no alcanzara, ahora tienen que soportar la insoportable realidad de contar con un Papa argentino y fumarse una nueva primavera católica en el país.

Algunos, como Luis D´Elía, abrieron el paragüas y afirmaron que Francisco podría serruchar el poder de los presidentes pretendidamente de izquierda de Latinoamérica. El temor tiene una razón lógica: si Juan Pablo II hizo lo que tuvo a su alcance para borrar del mapa a la Unión Soviética, a estos cuatro de copas sin otro poder que el de la oratoria, los limpian con una visita del Papa. Obviamente, este temor es impulsado por el mismo sector santoprogresista, que cree que a alguien le puede interesar ensayos antropológicos sociales sobre la necesidad de prohibir el vocablo "pobre" para favorecer la integración social, sobre qué quiere decir el rostro del juez norteamericano Griesa, o sobre las ganas de empomarse a la Presi que tienen los que la odian.

Que cualquiera pueda opinar sobre cualquier cosa es un derecho consagrado y no hay necesidad de ponerlo en duda. Precisamente por esto es que hay que aguantarse que Alex Freyre -el tipo que forma parte del primer matrimonio homosexual de la Argentina- opine sobre derecho canónico, que Lubertino exija un Concilio Vaticano III, y que la hermana rubia de Pappo, María Rachid, califique a Bergoglio de homófobo y genocida, convirtiéndolo en el primer genocida que no mató a nadie y que da misa con sus víctimas.

La bajada de línea no tardó en llegar ante la reacción del kirchnerismo peronista, quienes se encolumnaron tras Bergoglio de un modo sutil: empapelaron la ciudad de Buenos Aires y hasta Mariotto cruzó a la impresentable de Cynthia García en 678, recordándole que la base del peronismo está más cercana de la Doctrina Social de la Iglesia, que del último libro de José Pablo Feinmann. El arribo de una encuesta y la consulta a un par de funcionarios hizo el resto: Cristina se dio cuenta que no queda bien darle consejos al Papa, y le pidió a Timerman que consiguiera cuanto antes una audiencia con Francisco. El Canciller quedó exhausto: aún no terminaba de leer el Corán, que ya le enchufaron una Biblia. Así y todo, Timerman llamó al embajador ante el Vaticano para concertar una cita. Fue fácil encontrarlo, dado que estaba haciendo avioncitos con los panfletos anti Bergoglio que había repartido un par de días antes.

La situación descolocó al ala santoprogresista del kirchnerismo, esos que aún no lograron dimensionar que, si hoy tienen micrófono y cámara, no se debe a que los voten, sino a que les hicieron un lugar en el gobierno o en alguna lista sábana. Verbitsky quedó hablando solito, y en la tapa de Página/12 pusieron que a Bergoglio lo festejaron los genocidas, mientras Cristina ya estaba preparando la valija para ir a reunirse con el Papa y Floppy Randazzo preguntaba dónde quedaba el bunker electoral de Bergoglio, que tenía que ir a sacarse una foto. Y así, mientras Abal Medina, entre informes de inteligencia, festejaba que Bergoglio reconociera que "lo importante son los servicios", la muchachada progre, la del eterno 1,2% del padrón electoral, la de la lucha constante contra todo lo que sea costumbre en una sociedad, se quedaba atónita, preguntando si en el Vaticano hay una sede del Inadi.

Caso aparte merece Horacio González, que el sábado, en la reunión de Carta Abierta, se puso nervioso, afirmó que Bergoglio tiene una actitud demagoga, que no se lo imagina tomando el subte en Roma -como si lo necesitara para cruzar la Plaza- que la actitud de Mariotto emparenta al vicegobernador bonaerense con Mauricio Macri, y que el flamante Papa representa a la derecha peronista de los setenta, como si eso fuera un insulto. Así y todo, afirmó que habría que debatir el rol del Vaticano y la Iglesia Católica en la realidad social contemporánea. Desde este humilde lugar, considero que hay cosas que no se discuten. No, al menos, desde las condiciones en las que quieren discutirlas. Podemos debatir la higiene capilar de Horacio González, o si José Pablo Feinmann necesita una mastectomía o un corpiño, pero no todo hay que debatirlo. Puedo entender que la vida ya les resulta bastante chota, si lo más entretenido que tienen para hacer un sábado es juntarse a analizar porqué la gente no los entiende, pero no todo se debate. Menos cuando la conclusión está resuleta de antemano y el debate consiste en una ronda masturbatoria oral. La tolerancia por lo que piensa el otro, no es necesaria analizarla, ni debatirla: se acepta. 

Quizás haya que aclarar algo: el hecho de tener un Papa argentino no obliga -repito, no obliga- a convertirse al catolicismo. Algo tan sencillo que debería relajarlos -a nadie se le ocurre en pleno siglo XXI discutir sobre la enseñanza religiosa en la educación pública- los saca de quicio. Realmente se han creído el delirio progre y pensaron que un país en el que la gente vive pendiente de cómo progresar económicamente a pesar del Estado, el orden de prioridades pasa por cuestiones igualitaristas que llevan al exterminio del individuo pensante en pos de un pensamiento único. Por eso colapsan y terminan corriendo en círculos, golpeándose la cabeza, exigiendo cambios en una institución religiosa que debería tenerlos sin cuidado ¿O acaso no se definen como transgresores, anticlericales, ateos y modernos?

Sin embargo, debo reconocer que la reacción del kirchnerismo me ha hecho respetar más al santoprogresista. Siempre sospeché que el militante promedio era bastante manejable, pero vi que dejaron de putear al Papa para pasar a convertirse en la legión de monaguillos en tan sólo un puñado de horas, noté que había subestimado el poder de adaptación al entorno que detentan. Ya los vimos pasar de la exigencia a Herrera de Noble para que devuelva los nietos, a no pedir nada; de armar un #7D, a quedarse en el molde; de no chistar con las cenas de Magnetto en Olivos, a afirmar que Clarín miente. Vimos a Víctor Hugo Morales enojado con el manejo de la prensa del Gobierno, y también lo vimos ofuscado con los que critican el manejo de la prensa del Gobierno. Vimos a Tognetti cuando trabajaba en Canal 13 y también lo vimos cuando acusaba a la corpo en Canal 9. Vimos los programas opositores de Gvirtz en América y el canal del solcito, y también los vimos siendo recalcitrantemente oficialistas en los medios afines. Vimos que los pibes aplaudían las clases de peronismo de un vicepresidente liberal, exmilitante de la UPAU, egresado del CEMA y más gorila que el Almirante Rojas. Vimos a Néstor abrazado a Menem, Cavallo y Manzano. Vimos cuando Abal Medina acusaba a la Alianza de ser el caos, a Lubertino cuando se reía del radicalismo, y a Aníbal Fernández en el momento en que defenestraba a Duhalde. Vimos a la muchachada cuando cantaba contra la burocracia sindical y colaboracionista de Moyano y Venegas, mientras atrás tenían a Gerardo Martínez y Viviani arreglando con Cristina. 

Vimos demasiadas cosas que, cada vez que fueron señaladas, han sido justificadas, explicadas y, cuando no, desmentidas. Lo que nunca habíamos visto es que pasaran de definir el peronismo del gobierno en base a tener a la Iglesia como uno de sus enemigos, a que consideraran a Bergoglio como lo mejor que nos pudo haber pasado, y todo en unas horas. Rompe cualquier análisis posible. Poco importa recordarles que en tiempos del primer peronismo, la Iglesia argentina estaba encabezada por el Cardenal Copello, quien era más peronista que la motoneta del General, que el enfrentamiento con el resto del clero llegaba a extremos tales como que se alentara a la población a votar por una fuerza política opositora y que, en los tiempos que corren, el enfrentamiento con Bergoglio se debió a que el actual Papa cometió el tremendo abuso de señalar que sí, que hay pobreza.

Ahora la historia es otra. Bergoglio dejó de ser un facho de Guardia de Hierro con fotos truchadas con Videla y, probablemente, le encuentren alguna imagen portando un fusil en Sierra Maestra. Tanto han torcido la historia que, de pronto, recordar que el peronismo ha sido siempre profundamente católico, se estrola de frente con el delirio de considerar que una fuerza política creada por un militar nacionalista, es progresista, presuntamente de izquierda, y el único camino posible hacia una socialdemocracia moderna. No había necesidad de tanta conversión. Puedo entender la alegría en ateos hinchas de San Lorenzo, que ante la realidad de tener más Papas que copas intercontinentales, han visto esta situación como la única chance de aparecer en la prensa internacional, pero desde el punto de vista kirchnerista, no hay justificativo que pueda explicar tamaña vuelta carnero en el aire. 

En este preciso instante, aparecen numerosos análisis sobre cuál sería la injerencia política de Bergoglio en la realidad cotidiana argentina. Incluso, algunos han llegado a afirmar que el flamante Papa no se meterá en la política, dado que se limitará a hablar de pobreza, trata de personas, drogas y otras cosas de las que, la política, renunció a hacerse cargo hace décadas. 

Muchos dicen que el hecho de ver a Cristina corriendo para pedir disculpas es una muestra de conciliación, y otros arriesgan que si Kirchner viviera, haría lo mismo. Nadie sabe qué habría hecho Néstor si no hubiera tenido el percance de morir, pero algo me dice que, en vez de ceder en su capricho, hoy estaríamos reformando la Biblia, deportando curas y convirtiendo las iglesias en cooperativas. 


Mercoledí. En las trincheras no hay ateos.

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ENLACES/FUENTES:
http://www.relatodelpresente.com/2013/03/nac-pope.html

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